Mientras muchos estamos pendientes en encontrar fórmulas para salvar el poder de las marcas, estamos desestimando su verdadero poder. Porque  sucedió hace tiempo ya y algunos aún no nos hemos dado cuenta de ello: las marcas ya no nos pertenecen. Son propiedad de sus fans, ellos las hacen grandes y ellos las sustentan, por lo que nada podemos hacer para salvarlas, ni falta que les hace. Si tenemos la suerte de que nuestra marca este en el imaginario colectivo, en los corazones de nuestros clientes, en el mundo de las ideas y en la cueva de Platón, entonces lo hemos conseguido ya.

Si nuestra marca sigue siendo solo nuestra y solo nosotros sabemos lo que quiere decir nuestro logo, nuestro lema y protegemos celosamente su aspecto, entonces sí tenemos un problema. O tal vez no es un problema, pero lo que tenemos no es una marca, es un nombre cualquiera con un logo.

Lo sucedido recientemente con la marca GAP es un buen ejemplo de cómo los fans demostraron de quién es la marca. Para los que andáis despistados y aún no os habéis enterado del tema, os dejo este enlace al post de eMn, y aquí os cuento un resumen. Cuando realizaron un cambio de imagen, con logo nuevo, las redes sociales, sobretodo Facebook y Twitter se les echaron encima de tal manera que tuvieron que retroceder a su antiguo logo. En la red, este ejemplo, ha corrido como la pólvora pues los fans de redes sociales se sintieron dioses por un día.

Pero los retailers debemos sacar otra conclusión importante del mismo hecho y es que nuestros clientes son los dueños y señores de nuestra marca y todo lo que conlleva. Si pensamos hacer un cambio de imagen, si se nos ocurre irrumpir la rutina con una novedad inesperada es posible que nos encontremos ante la pregunta estupefacta de nuestros fans “¿quién te da a ti derecho a cambiar mis tiendas?”

Y cuando eso pase debemos estar infinitamente agradecidos, pues alguien nos ama, alguien nos concibe de una cierta manera, tenemos un estilo propio, existimos. En cambio, si vamos cambiando a menudo sin que nadie se percate ni proteste, es momento de preguntarnos qué hicimos mal desde un principio y por qué nadie sabe ya cómo somos o deberíamos ser, ni percibe ya los cambios y las novedades.

Volviendo al tema , ¿os habéis preguntando qué piensan vuestros clientes de vuestra marca? ¿para quién es vuestra marca, qué tipo de gente? ¿con qué cosas la identifican? Si podéis hacerles la pregunta, seguramente os sorprenderá que algunos aspectos que internamente son definitorios, para ellos ni siquiera son algo digno de mención. En cambio algún detalle de vuestra manera de hacer es lo que más resaltan. No les hagáis cambiar de opinión, cambiad vosotros el libro de marca y potenciad esos puntos fuertes en los que se han fijado.

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