Innovar, revolucionar, crear nuevos modelos de negocio, reinventar… Es una lluvia constante de recomendaciones que recibimos a diario, además bien ejemplificadas con casos como el de los turrones en verano en Sort o los nuevos helados-yogures en la costa. Una cosa está clara, lo que no funciona es seguir haciendo las cosas como antes, no porque esten mal sino porque están adecuadas a otro entorno y a otro tiempo.

Hay que pensar que el siglo XX en realidad acabó en el 2007 y a partir del 2008 empezó algo nuevo completamente diferente. Los que nacimos en los 80 y los 70 nos acordamos bien que crecimos en un mundo ya muy lejano al siglo XIX. Ahora tenemos 30 y 40 y ha sucedido otro cambio de siglo, tal vez más pronunciado. Debemos mirar hacía atrás al siglo XX de la misma manera que veíamos el XIX, como algo lejano que nada tiene que ver con la realidad actual.

Todo lo anterior al 2007 es ese pasado que no volverá. Y el pasado nunca fue mejor, por mucho que hoy nos bombardeen con ese tipo de eslóganes. Mientras sigamos llorando por él y sigamos empeñándonos en perpetuar viejos modelos de negocio, maneras anticuadas de hacer las cosas, seguiremos en este limbo al que llaman crisis. Si nos atrevemos, si rompemos moldes, si admitimos que nuestro negocio tal y como es ya no funciona y no va a funcionar, empezaremos a participar en el futuro.

Veo todos los días como los comerciantes, las empresas, los empleados, los funcionarios y los parados se quejan de la crisis pero no son capaces de mirar más allá. No quiero parecer insensible, en mi familia pasa lo mismo. Pero me gustaría decirles a todos lo mismo que le digo a mi padre: “¡no busques trabajo, invéntatelo! Y si aún no te sale, échale más imaginación. En realidad es un poder que siempre hemos tenido solo que ha tenido que pasar un cambio de siglo para darnos cuenta. Las oportunidades ya no están dónde estaban antes, pero siguen estando y son mejores, siempre mejores.

Mira a tu antiguo trabajo, a tu empresa, a tu tienda, a tu cadena con ojos nuevos y si pertenecen al siglo pasado acepta que ha llegado su hora y que no pueden seguir existiendo si no cambian radicalmente. ¿Y eso cómo se hace? Muy fácil, pregúntate cómo se han hecho las cosas durante toda la vida y haz exactamente lo contrario. Tu cuerpo y mente se resistirán, pero tienes muchísimas más probabiliadades de acertar. Atrévete a hacer locuras, a poner en marcha esa idea que puede ser tu ruina, a abrir lo que siempre ha estado cerrado y a cerrar lo que siempre estaba abierto, a decir que no dónde antes decías que sí, a decir que sí dónde estaba claro que había que negarse. Camina por calles que nos andado nunca, peinate del otro lado, habla con los que no sueles hablar y callate las cosas que dices siempre, quitate la camisa blanca y ponte una verde. En definitiva cambia tú y tus negocios también empezarán a cambiar. Y para mejor, el cambio es siempre para mejor.

 

 

 

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